De un suburbio a otro
se acercan dos vidas.
Se tomaran lunas en verse
las caras,
Se tomaran años en vestirse las pecas.
Unos rugidos le caen en la cara
a modo de trenzas,
Unos cuantos pasos arenosos
comprenden la mañana.
Un sauce la ve por primera vez
y, le regala a sus ojos el
misterio del vaivén.
La imagen castaña crece conmigo.
La inquietud del ciego rocio
humedeció su piel para siempre.
Besándola en tanto, llega a sus
caderas inundando-la de toda fe.
Racimo de despistes la culminan,
en todo lo que se busque, una
blanca corazonada de saberla despierta.
Con su misión particular:
la de agitarte tu primavera en otoño.

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