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No existe tierra ajena, que los pies no palpen suyas

miércoles, 9 de marzo de 2011

Escribir es como montarse en un tren y tratar de atrapar los paisajes, nombrarlos de un tiron. Pintar es como un viaje en barco, cerrar los ojos y dejar que el salitre y el viento salpiquen la cara de gotas saladas, en esas gotas amargas, encontras miles de proposiciones visuales, como en las nubes pinchadas por el resplandor de los rayos solares que juegan en el borboteo del oceano, justo dentro del iris de la pupila. Escribir llena de voces, pintar lo devuelve a uno al silencio, tan ansiado. Como esa infancia en que me agradaba trazar alargadas manchas hacia arriba, en un alarido ascendente de violonchelo, hacia mucho mas alla de los limites del papel. Creo que fue ahi donde todo comenzo...

3 comentarios:

  1. salitre, sal
    Imagen muy de mi norte chileno. Vos sabías que la mamá de sergio vive allí? quizás en el norte fue donde comenzó todo

    un abrazo Elena.
    digory.

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  2. Wauuu... esa informacion pega como un deja-vu.
    Abrazo sotito :)

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  3. Elena por supuesto que puedes tener nostalgia por lugares que no conoces. A mi me pasa con ciertas épocas cuando leo ciertos libros... No se porqué últimamente me parece muy acertado el politeísmo.

    Un abrazo. Digory

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